lunes, 28 de marzo de 2011
Un minuto para filosofar
La mayoria de las personas nos cuestionamos con profunda preocupaciòn sobre el sentido y el desarrollo de nuestra existencia, y dicho cuestionamiento es valido, porque la esencia de nuestra existencia radica en nuestro desarrollo personal.
martes, 4 de enero de 2011
El dios de los filósofos y el Niño de Belén
El dios de los filósofos y el Niño de Belén
Creen en Dios, pero son huérfanos
Javier Garralda Alonso
“El conocimiento puramente racional de Dios abre un abismo entre Éste y su criatura (...) Mas cuando el conocimiento de Dios es el que nos proporciona la Fe, se adquiere una suma suavidad e inefable alegría (...) Dios es (nuestro) Padre (...)”, nos dice el santo obispo Torras y Bages (“De Jesús el corazón”, 1ª Parte, 2, III).
El Dios infinito, omnipotente y terrible se hace en Jesús niño indefenso y desvalido. El Dios infinito que no cabe en los cielos, se acerca a nuestra miseria, nos muestra en Jesús su corazón amante. Ya no da miedo, sino amor es lo que suscita este Dios que se abaja a nuestra pequeñez para elevarnos a su reino de paz, de luz y amor limpio y puro.
“La idea de Dios (entonces) no aturde ni atemoriza, no se presenta con la faz ceñuda que hace temblar a los míseros humanos, sino que su rostro resplandeciente derrama profusamente luz y alegría en los corazones” (Ibídem).
En las sociedades “que le están sujetas amorosamente, el recuerdo de Dios todo lo endulza, es luz brillante que ilumina las más oscuras situaciones y calor que vivifica los corazones más desiertos (...)” (Ibídem)
En cambio en las sociedades apartadas de Dios su nombre “amarga los ánimos”. Que la sociedad que se aleja de Dios penetra con sus teorías incluso entre los mismos creyentes, nos lo recuerda, con voz profética, este santo obispo, cuando nos habla del “catolicismo liberal” de su tiempo, que cercena “de la Religión lo que parezca inconciliable con el estado presente y sujeta lo que bajó del Cielo, lo que de Dios dimana, a un criterio puramente humano” (Ibídem).
Y es que si no hay una pulsación del corazón que hace amable y bello lo que Dios nos pide, aunque cueste, si no nos ponemos humildemente a los pies del niño divino, entonces considerándolo un fardo insufrible se busca un compromiso con el mundo, se falsea la palabra de Dios y la voz de su intérprete legítima, la Iglesia. No es un tema intelectual, sino de corazón, de fiarse del corazón tres veces santo que se nos manifiesta en la sencillez de Belén.
Si la brisa suave, la voz dulce que resquebraja la roca de nuestros corazones, no es oída, es sofocada, ¿tendremos que ver que la voz se convierte en huracán o terremoto, para acogerla? Entonces puede ser demasiado tarde.
La idea de ciertos filósofos de un dios meramente intelectual, imagen fría y alejada del Dios entrañable, no quita la orfandad al hombre o mujer. A veces este dios teórico puede ser compatible con actitudes despiadadas e incluso crueles, hasta crueles también para uno mismo.
En cambio a los pies del pesebre de Belén, descubrimos, con los humildes de la Tierra, a un Dios que es amor, a un padre que es infinita ternura y piedad para los caídos y los míseros de este mundo, y también la misma misericordia que acoge a los que en Él se refugian por errados que hayan sido sus caminos o miserables que sean. Y a sus pies sentimos que volvemos a casa, que se ensancha nuestro corazón, que por fin hallamos esa paz que anhelábamos, que recobramos un corazón de carne en vez de nuestro viejo corazón de piedra.
jueves, 23 de diciembre de 2010
¿tiene sentido la filosofìa hoy?
HORTENSIA CUÉLLAR
Abordar el gran tema de la filosofía contemporánea es incidir en una de las producciones culturales más polémicas y de difícil interpretación, por incluir en su seno multitud de movimientos que se ocupan, radicalmente, de algún aspecto de la vida del hombre, la sociedad, la naturaleza física o metafísica, el universo real, etc., en sus causas últimas y principios.
El punto de partida puede serlo la razón como principio -al compás del ritmo marcado por la modernidad-, o lo que milenariamente ha constituido el leit-motiv del pensamiento clásico de occidente -la realidad en cuanto tal- aprehendida y profundizada por la inteligencia cognoscente.
Lo que interesa es no perder de vista que la gran tarea de la filosofía continúa organizándose en muchos de los centros de investigación mundial, o bien a nivel individual, pretendiendo encontrar una respuesta o solución a las más diferentes inquietudes, nostalgias y esperanzas que aquejan al hombre contemporáneo. En multitud de ocasiones lo que se intenta es replantear de nueva cuenta los viejos problemas de occidente; en otras, afrontar problemas nuevos resultantes del discurrir de la vida actual y de la preciación cognoscitiva y crítica de lo que existe, pero siempre desde una dimensión de ultimidad radical que conduce a la pregunta por el fundamento.
domingo, 12 de diciembre de 2010
¿Atrevernos a proponer valores?
-Sólo una época cultural en la que se han ocultado los valores humanos tradicionales, es posible que surja el tipo de interrogante que aparece como título.
-En las época de desiquilibrio e inestabilidad como la nuestra, épocas de incertidumbres y que se impregna de un sin sentido, la preocupación de la gente apunta a sobrevivir sin tener que amoldarse a ningún patron o modelo social de comportamiento establecido.
-Ante esto, no es tarea fácil hablar hoy de valores. Sólo citando, a mode de ejmeplo, una lista de ellos: la solidaridad, la libertad, la honestidad, la fidelidad, la sinceridad y otros semejantes. Pero ante ellos nos entra el desánimo y se concibe como una forma abstracta de convivencia, pues requieren entrega de nuestra parte; y ello significa perder mi individualidad.
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